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Sur-feando
mitos

01·OCT·2026

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Cuando pensamos en turismo en Gran Canaria, probablemente a much@s se nos vaya la cabeza directamente hacia el Sur. Maspalomas, Playa del Inglés, Puerto Rico, Amadores… El imaginario turístico de la isla lleva décadas construyéndose alrededor de esos espacios y, desde luego, no es por casualidad. Allí se concentra una parte muy importante de la planta alojativa, de las infraestructuras turísticas y también de esa imagen de sol, playa y vacaciones que la isla ha proyectado hacia el exterior.

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Pero una cosa es que la parte meridional sea un espacio de especialización turística (y que el origen del turismo de sol y playa esté allí), y otra bastante diferente es que, en la actualidad, se pueda seguir pensando solo en esa parte de Gran Canaria cuando hablamos de turismo.

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Para comprobarlo hemos intentado mirar la isla de una manera un poco distinta. En lugar de utilizar los límites municipales, las localidades o las zonas turísticas habituales, hemos dividido Gran Canaria en pequeñas franjas horizontales de 500 metros de ancho, dispuestas consecutivamente de norte a sur. Después hemos hecho un recuento del número de plazas que corresponde a cada una de esas franjas.

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El resultado es una especie de persiana de lamas donde observar la capacidad alojativa de Gran Canaria según su latitud. Cuanto más rojo, más plazas alojativas turísticas.

Esta operación relativamente sencilla (y quizás poco apropiada desde el punto de vista científico…) nos permite jugar con los datos para quitarnos rápidamente esa idea preconcebida. No solo el Sur es turístico.

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Hoy la brújula turística también tiene que apuntar hacia el norte. Y eso no significa que el turismo haya aparecido allí de repente. Las Palmas de Gran Canaria tiene una historia turística anterior incluso al gran desarrollo turístico meridional, y Las Canteras sigue siendo una de las principales piezas de esa geografía. Lo que sí ha cambiado durante las últimas décadas es la extensión y la diversidad de la actividad turística. La vivienda vacacional ha tenido mucho que ver con ello, porque ha facilitado la aparición de alojamiento turístico fuera de los núcleos que tradicionalmente identificábamos como tales. Si queremos mantener la metáfora, se ha extendido casi como un sarampión por distintos rincones de la isla, aunque con brotes especialmente intensos allí donde ya existía actividad turística y en los principales espacios urbanos. A esto debemos sumar el turismo rural, el turismo urbano, pequeños establecimientos y alojamientos asociados a pueblos, paisajes y espacios naturales. En definitiva, la geografía turística de Gran Canaria es hoy bastante más extensa y diversa que la gran mancha turística del litoral meridional.

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Derribado este primer mito, vamos a por otro.

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Partiendo de la estadística oficial sobre establecimientos hoteleros y extrahoteleros de los destinos turísticos canariones (dejando aparte las viviendas vacacionales) podríamos pensar que allí donde éstos están más llenos necesariamente se genera también más empleo. O, yendo un poco más lejos, que determinados destinos o modelos turísticos producen automáticamente más puestos de trabajo que otros.

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Pero las cosas no son tan sencillas.

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Para verlo hemos cambiado de mapa y también de pregunta. En el reverso comparamos dos datos del año 2025: por un lado, la tasa de ocupación de los alojamientos y, por otro, el número de empleos por cada 100 viajeros.

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Para interpretar si el valor es -relativamente- alto o bajo, hemos utilizado la mediana de cada variable como frontera.

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En Meloneras, por ejemplo, encontramos una ocupación del 78,4 % y 10,1 empleos por cada 100 viajeros, el valor más alto de todos los núcleos analizados en este último indicador. Taurito, Campo Internacional y San Agustín también aparecen en color rojizo porque se encuentran por encima de las dos medianas: mucha utilización de la planta alojativa y, al mismo tiempo, una intensidad laboral relativamente elevada.

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Pero enseguida aparecen casos que rompen esa correspondencia. Puerto de Mogán, pese a alcanzar una ocupación del 79,13 %, registra 5,44 empleos por cada 100 viajeros. En Amadores sucede algo parecido: un 77,42 % de ocupación y 5,29 empleos. Bahía Feliz-Playa del Águila completa ese grupo amarillo. Son lugares donde los alojamientos presentan una ocupación relativamente elevada, pero el empleo por viajero queda por debajo de la mediana.

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También existe justo la situación contraria.

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Tauro-Playa del Cura tiene solo un 61,36 % de ocupación, pero alcanza 7,84 empleos por cada 100 viajeros. Patalavaca-Arguineguín, con un 72,88 % de ocupación, llega a 8,14 empleos, y El Veril-Las Burras también aparece en azul por combinar una ocupación inferior a la mediana con una intensidad laboral superior.

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Y después tenemos espacios como Puerto Rico, Sonnenland, Playa del Inglés o Las Canteras, que quedan por debajo de ambos valores de referencia. Resulta especialmente curioso Playa del Inglés porque estamos hablando del gran gigante alojativo de Gran Canaria y, sin embargo, en estos dos indicadores aparece con un 69,72 % de ocupación y 5,92 empleos por cada 100 viajeros. En Las Canteras los valores son todavía menores: 59,12 % y 2,74 empleos, respectivamente.

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Pero cuidado con la conclusión.

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No podemos afirmar simplemente que muchos empleos sean consecuencia de los hoteles o pocos empleos de los apartamentos. Lo que demuestra el mapa es algo bastante más sencillo y, precisamente por eso, muy interesante: más ocupación no significa necesariamente más empleo. Los destinos turísticos no funcionan todos de la misma manera. Influyen el tamaño y las características de los establecimientos, los servicios que ofrecen, la duración de las estancias, la organización de las empresas y muchas otras cuestiones que este mapa no puede explicar por sí solo, aunque sí la disciplina geográfica.

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En lugar de preguntarnos simplemente qué destino tiene más turistas o cuál funciona mejor, podemos empezar a plantearnos cuestiones como por qué la utilización intensiva de la planta alojativa se traduce de manera diferente en trabajo según el lugar, qué modelos empresariales existen detrás de esas diferencias, qué recursos territoriales utilizan o quién termina apropiándose de los beneficios derivados de la actividad.

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Es decir, que la Geografía no solo sirve para colocar “cosas” en un mapa, sino para descubrir las relaciones de lo que allí ocurre y las diferencias entre unos espacios y otros.

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De paso, estamos aquí para destrozar tópicos. El primero: es evidente que a nadie le pagan un sueldo por saber la capital de Kazajistán o la altitud del Teide. 

 

Lo del quesito azul está bien, pero a las geógrafas y los geógrafos se nos queda bastante corto.

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¡Vamos a verlo! 

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