Depende, todo depende
¿de lo que trabajes?



01·may·2026
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Como siempre, este 1 de mayo es un día importante. Un día en el que espero que me leas desde tu sofá, la playa, un asadero o desde cualquier sitio que te apetezca, y te permita, sobre todo, no estar currando.
Ya, ya sé. En una economía como la canaria, altamente terciarizada y dedicada al sector servicios (sobre todo turístico), conseguir el día libre ya sería un logro. Más si se trata de un puente, como ocurre este año. Muchas y muchos currelas se la pasan en este momento atendiendo el ocio de otr@s.
Pero recuerda que si en 2026 celebramos este festivo es porque tal día como hoy, en 1886, un grupo de trabajadores industriales —un colectivo que, según el INE y el ISTAC, apenas representa un 5% del total en Canarias y Gran Canaria— reclamó en Chicago una mejora de sus condiciones laborales.
A ver si te suena: pasaban largas jornadas en la empresa (10, 12 o más horas), tenían bajos salarios y escasa protección laboral, lo que hacía que su trabajo se comiera su vida personal, descanso incluido.
Solo 3 años después de aquello, en 1889, la cosa reescaló (término que nos gusta mucho a l@s geógraf@s) y la festividad de la clase trabajadora, que en realidad es una lucha reivindicativa, se transformó en internacional.
Pero este día no es solo un día para l@s trabajador@s, sino que es un día para casi tod@s. Tanto para quienes trabajan (ocupados) o quieren hacerlo (parados), es decir, la población activa, como para aquellas personas “inactivas” que algún día lo harán (como los niños), o los que ya lo hicieron en el pasado (jubilados). En este grupo metemos también a otros como los pensionistas (aquellos que no la perciben por su actividad laboral, sino por otros motivos como una enfermedad o discapacidad), los estudiantes (los que no trabajan o buscan empleo) o las personas que, lamentablemente, se dedican a las labores del hogar sin ningún reconocimiento.
Aun divididas en estos grupos, todas estas personas (nosotr@s) conforman un solo colectivo económicamente interdependiente y un ejemplo de lo necesaria que es la solidaridad entre individuos (diferentes) que viven en un mismo territorio.
Por llevarlo a números, imaginemos un índice que compare la cantidad de personas activas y de personas inactivas en la isla. Este índice, al que llamaremos de dependencia socio-laboral, nos diría que, en Gran Canaria, por cada 100 personas activas, hay 97 inactivas. Y ¡ojo!, que ahora les recuerdo que no todos los “activos” trabajan, sino que, en realidad, son solo los ocupados los que sostienen el sistema.
Habrá gente que se tire de los pelos leyendo esto. No todas las personas, pero algunas de ellas, además tendrán la tentación de utilizarlo para dividirnos y enfrentarnos. Personas a las que les hago un retrato robot fácil y rápido, y de paso, les corto un traje en un solo párrafo. Ustedes seguro que las conocen:
las típicas que solo se ven a ell@s mism@s guap@s en el espejo, como superhéroes, mientras l@s demás se “aprovechan” de SU esfuerzo. Personas, en todo caso, olvidadizas de que, cuando eran niños o estuvieron en el paro o de baja, fueron otros los que curraron y cotizaron por ellos. Y también serán las mismas que, cuando el día de mañana cobren merecidamente una pensión, no recordarán que, en 2026, su “prioridad” era meterse, solo por el origen y el color de piel, con los padres de buena parte de los trabajadores que en el futuro sostendrán sus jubilaciones.
Pero ya saben, siempre hay personas empeñadas en dividir por cualquier excusa. Que si raza u origen, que si acento, que si género, que si edad, que si lo que tengo en la cuenta del banco, etc. Ahora yo pongo otra excusa “geográfica”: ¿qué tal si dividimos por municipios?
Pues los datos del INE nos dicen que ya hay municipios donde hay más personas inactivas que activas en la isla. Son Santa Brígida, Tejeda, Moya, Las Palmas de Gran Canaria, Mogán y La Aldea de San Nicolás. Entre los aldeanos, por cada 100 personas activas, hay casi 107 inactivas.

Si seguimos metiendo el zoom, en el mapa llevamos el cálculo de esta dependencia socio-laboral a la escala de secciones censales. Casi el 45% del total reflejan que hay más personas inactivas que activas, y muchas de ellas se concentran, lógicamente, en los municipios que antes citábamos. En los casos más extremos, hay zonas donde por cada 100 personas activas encontramos casi 175 inactivas.
Estas áreas muy dependientes, marcadas en azul, no responden a una única realidad y composición territorial. Son una mezcla de espacios de alta renta, zonas rurales muy envejecidas y lugares costeros y/o muy turistificados.
Entonces, ¿qué pasaría si los de las zonas poco dependientes —en verde— o en equilibrio —en rojo— vamos a pedirles cuentas a los de las zonas en azul? ¿o si los dejamos sol@s en un entorno que rápidamente llevará al colapso económico por su desequilibrio entre población activa e inactiva? Pues la verdad es que esto no tendría ningún sentido.

De hecho, ESTE MAPA NO TIENE SENTIDO.
Por suerte, cualquier análisis geoeconómico de este estilo y escala sería inválido porque, hasta el momento, nuestro sistema económico y, especialmente, las prestaciones sociales no siguen una lógica de división. Precisamente es lo contrario: todos nos necesitamos y por ello predomina una solidaridad intergeneracional, interclasista, intersectorial, interpersonal e interterritorial.
Crear apartados y divisiones ficticias (como las secciones censales que representan la dependencia socio-laboral) puede resultar estadísticamente posible y cartográficamente representable, pero no socialmente deseable. Es cierto que permite lecturas indirectas que pueden ser útiles y detectar desequilibrios ayuda a preparar nuevas políticas, pero la división y creación interesada y ficticia de muros dentro de la sociedad no aporta beneficios.
Este 1 de mayo, además de recordar esto, acuérdate de que la Geografía no solo sirve para ganar el quesito azul en el Trivial al saber que el apellido Ndongo es típico de África central, sino para construir una sociedad mejor desde el análisis riguroso y no desde la desinformación.
¿Por qué
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y espero, que tú con ellos.
Los utilizaremos como excusa para charlar de los que nos ocupa y preocupa hoy.
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De paso, estamos aquí para destrozar tópicos. El primero: es evidente que a nadie le pagan un sueldo por saber la capital de Kazajistán o la altitud del Teide.
Lo del quesito azul está bien, pero a las geógrafas y los geógrafos se nos queda bastante corto.
¡Vamos a verlo!


