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Francamente
¡qué gasto de energía!

01·ene·2026

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Las Palmas de Gran Canaria (LPGC) es una ciudad franquista.

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Empezamos fuerte el 2026… pero esa es la verdad. Y no estoy siendo agorero ni prediciendo los buenos resultados de V🤮X en la capital canaria, porque eso, en verdad, depende de lo que hagas o no hagas con tu voto dentro de más de un año (por suerte, todavía es así).

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A ver, lo que realmente quiero decir es que una parte significativa de los edificios actuales de esta ciudad fueron construidos durante la dictadura. Y cuando digo buena parte, en el mapa puedes comprobar que lo cierto es que son la mayoría —lo reconozco, los he pintado de rosa solo por fastidiar—. Queda muy claro esto en la Ciudad Baja, pero también en lo que comúnmente podríamos llamar “barrios obreros” y “populares”. Esto no es exclusivo de aquí, porque lo mismo ocurre en muchas otras urbes del país.

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Piénsalo: es lógico. Esta parte de nuestra historia sucedió anteayer. ¡Estaría bueno que durante 40 años solo se hubieran dedicado a pisotear los derechos de las personas que no eran ni pensaban como ellos y que sus construcciones hubieran durado menos que la casa de paja de los 3 cerditos!

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Reconstruyamos los hechos, porque lo que está claro es que esta situación no obedece a la misma pantomima del “con Paco se vivía mejor” de los nostálgicos del bigote.

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En primer lugar, el caserío más antiguo ya no existe y fue sustituido. Es difícil que con las técnicas constructivas de antaño y tras los procesos de crecimiento y mejora de la ciudad, muchas de las edificaciones centenarias hubieran quedado en pie a día de hoy. Del fin de la Guerra Civil hacia atrás queda más bien poco (en la cartografía lo puedes encontrar en colores cálidos). Aunque Triana y Vegueta conservan edificios históricos, varios de los que existieron originalmente han sido renovados o sustituidos por otros nuevos, por lo que la datación que hace el Catastro es moderna. De hecho, se podría decir que el Risco de San Nicolás, como barrio, es una de las zonas con el caserío más antiguo de la ciudad (incluso más que la propia provincia de Las Palmas, creada en 1927). Por eso, la edad de muchos de sus edificios supera a la de las construcciones de nuestros dos barrios fundacionales. Junto a ello, otros reductos de lo antiguo aparecen por La Isleta (los peninsulares de Gran Canaria…), el centro de Tamaraceite y Tenoya, así como en Ciudad Jardín.

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Segundo, debido al éxodo rural de la última mitad del siglo XX, la mayor parte de las ciudades creció fuertemente a expensas de la despoblación del campo (lo que aún continúa). Los franquistas de antes no se levantaban a las 5 de la mañana para hacer burpees, pero sí para hacer casas a base de pala, mortero y bloque de picón (tan canario como las papas arrugadas) que solucionaran el gran problema habitacional que existía. Queda clarito que se pusieron manos a la obra (nunca mejor dicho) para que las personas tuvieran su hogar y, dicho sea de paso, evitar que la paz social se interrumpiera y esto amenazara al régimen autoritario.

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Es que cuando falta lo esencial, hasta protestar y luchar se puede…

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Volviendo a aquel momento, la falta de vivienda se solucionó construyendo, y mucho. Lo hicieron de forma masiva, rápida, repetitiva, en bloques y creando, en muchos casos, lo que se conoce como “urbanismo de polígonos”. Fruto de ello aparecieron —casi incontables— barrios enteros: Las Rehoyas, Tres Palmas, Zárate, El Polvorín (el antiguo), buena parte de Schamann, incluido el edificio España (¡cómo no!), entre otros muchos.

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Hay que reconocer que acudieron a dar remedio al problema (la falta de vivienda) al mogollón, pero lo resolvieron. Por si alguna persona piensa que hoy se podría aplicar la misma receta, solo recordarle que hoy el problema es otro: faltar no falta vivienda, sino vivienda a precio asequible.

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En todo caso, con el tiempo y la inacción (incluida la que se ha dado en democracia), aquello que fue una solución se convirtió de nuevo en problema. O varios. Hoy en día son algunos de los espacios urbanos más segregados socioeconómicamente de la ciudad y, por otro lado, pero relacionado, cuentan con una degradación material importante. Si encima ahora los miramos con la lupa y exigencias del siglo XXI, todo hace aguas. Por ejemplo, si hablamos de eficiencia energética, casi es mejor mirar para otro lado.

Los mapas del reverso nos muestran que esos barrios —pero, en realidad, la ciudad casi al completo— es poco eficiente, por lo menos en lo energético. El portal Canarias Datos Abiertos del gobierno autonómico tiene públicos y accesibles los registros de los certificados de eficiencia energética de los edificios y, entre otras cosas, nos permite conocer y georreferenciar sus resultados en cuanto a la eficiencia en consumo y emisiones (evaluados según el clima del lugar). Actualmente, este certificado, parecido al que ves en tu última nevera o televisión, es un requisito indispensable para vender o alquilar una vivienda.

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En +Geografía hemos cruzado los datos en un Sistema de Información Geográfica y hemos hecho una rápida aproximación al estado de la cuestión. El resultado es que, haciendo un promedio de los certificados energéticos de las edificaciones de cada barrio, prácticamente todos obtienen un mal resultado. Siendo A la mejor calificación y G la peor, la mejor nota promedio que se obtiene es B, y únicamente ocurre en el diseminado de La Montañera y en Miller Industrial. Si aceptamos C como animal de compañía, lo que sería una eficiencia energética media, solo los barrios Díaz Casanova y el diseminado de Tafira estarían ahí. El resto de los barrios, más de 100, quedan de la D hacia abajo, siendo F el resultado más común.

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Vamos, que los edificios de la ciudad tienen la misma eficiencia energética que un televisor de la marca Telefunken.

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Esto demuestra que los siguientes casi 50 años tampoco es que nos hayamos preocupado mucho de este aspecto. Si es cierto que se ha construido una gran superficie, como demuestran, sobre todo, las periferias de los colores morados, lilas y azules (donde en realidad la mayoría corresponde al periodo del boom inmobiliario y muy poco a la última década). Espacios edificados con menor densidad y más calidad, pero con un importante talón de Aquiles: una mala eficiencia energética.

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Por suerte, estamos al inicio de un nuevo año, momento ideal para hacer propósito de enmienda. La ciudad tiene en este asunto un bonito objetivo, para el cuál probablemente se necesiten líneas de financiación pública. Solo espero que esto no salga como lo de apuntarse al gimnasio el 1 de enero para luego no ir.

 

Aquí, además, proponemos otro: no confundir a los profesionales de la Geografía como meros descriptores del mundo. Porque ya sabes que, si estas Navidades te hemos ayudado a ganar el quesito azul en el Trivial, sabiendo que la catarata del Salto Ángel es la más alta del mundo, eso solo es cultura general, no nuestra disciplina. Te lo estamos poniendo “a huevo” para elegir Geografía.

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De paso, estamos aquí para destrozar tópicos. El primero: es evidente que a nadie le pagan un sueldo por saber la capital de Kazajistán o la altitud del Teide. 

 

Lo del quesito azul está bien, pero a las geógrafas y los geógrafos se nos queda bastante corto.

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¡Vamos a verlo! 

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